Dolor, ¿amigo o enemigo?

Dolor, ¿amigo o enemigo?

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Dolor… ¿Amigo o enemigo?

¡Hola familia! El otro día comenzamos a hablar acerca del dolor y del cómo podrían afrontarlo nuestros pacientes (si no lo has visto, puedes verlo aquí).

Al final del artículo comentábamos ciertas cosas que comienzan a tener mayor relevancia en situaciones de dolor persistente o, como comúnmente se conoce, dolor crónico. De hecho, os preguntábamos qué porcentaje de la población, aproximadamente, creíais que se encontraba en esta situación.

Según el estudio de Dueñas y colaboradores en 2016, vemos que el número de casos oscila entre el 10-30% de la población europea…

¡1 de cada 4 hogares tendría a alguien con dolor crónico!

Con estos datos y como sanitarios que somos, queda claro que debemos comprenderlo mejor para abordarlo correctamente.

¡Así que vayamos más allá!

Con vistas hacia el futuro

Ya sabemos que el dolor, al verse influenciado por una gran cantidad de factores (físicos y psicosociales), es una experiencia individual y única. Asumir, por tanto, que un “input” nociceptivo por sí solo siempre va a ser el desencadenante sería reduccionista por nuestra parte, pero maticemos ciertos puntos.

Tomemos como punto de partida que nuestro sistema de dolor se comporta como un “tutor”, “profesor” o “padre” en cierto sentido. En sí mismo, el dolor es una representación variable de un daño tisular consumado o inminente que tiene como fin nuestra supervivencia, es decir, trata de advertirnos, enseñarnos y protegernos.

Al hacerlo, nuestro comportamiento cambia automáticamente (es lo que comúnmente conocemos como aprendizaje). Esto, ligado al contexto de ese momento y más factores, nos ayudará a evaluar las situaciones y a generar una conducta determinada (lucha, evitación, bloqueo…).

En otras palabras, el dolor va a unido a nuestras predicciones y expectativas.

Podríamos pensar que las expectativas se adquirirán del aprendizaje, la observación y la búsqueda de información mediante un modelo predictivo.

El verdadero fin del dolor

Esto nos lleva a preguntarnos:

¿Qué refleja verdaderamente la percepción consciente del dolor?

¿Una nocicepción óptima del estímulo nociceptivo real o posible?

¿O un óptimo control de las señales para minimizar el actual y futuro estímulo nociceptivo?

En otras palabras, ¿intentamos saber mediante el dolor qué está ocurriendo realmente en nuestro cuerpo o simplemente tratamos de evaluar para hacernos más “fuertes”?

Tal vez no deberíamos quedarnos con una o con otra, sino que puede que tengamos que verlo en una escala de grises. Por ejemplo, si estoy cortando tomates agarrándolos con los dedos extendidos y me corto, el dolor me alertará de que algo ha ocurrido (o que hubiese podido ocurrir si hubiese apretado más el cuchillo).

En esa primera instancia intentará evitar que se produzca más daño. Sin embargo, como todo en esta vida, puede que lo tengamos que mirar a largo plazo y ver que mi comportamiento ha cambiado: ahora los dedos agarran el tomate estando doblados para evitar esa situación.

¿Cuál es el fin de la alerta? ¿Hacerme apartar la mano en ese momento o “instruirme” o moldearme para evitar que ese daño vuelva a ocurrir?

Debemos pensar que el dolor no es un enemigo, sino un amigo. Trata de protegernos y aprendemos gracias a él (si no, más de uno/a acabaría sin dedos al cortar tomates…).

Errores de predicción

Parece infalible; sin embargo, como cualquier sistema, puede fallar o equivocarse.

Actualmente se piensa que el modelo de predicción se basa en la inferencia bayesiana, es decir, la “imagen que tenemos del mundo” (las expectativas y predicciones internas) se compara con la información sensorial o ascendente con el fin de ser más eficiente.

Sin embargo, a veces puede que ambas señales no encajen, generando sorpresa y confusión. Por ejemplo, la idea de que un estímulo “x” puede generar mucho dolor, hace que la percepción de ese estímulo sea más dolorosa.

Viendo todo esto, hace que comprendamos mejor todo el proceso y que entendamos qué principios básicos pueden llevar a la situación de dolor persistente.

Ideas clave:

  • El dolor nos advierte, nos alerta, nos protege y nos enseña. Hace muchas cosas, pero lo que no hace es dañarnos. Nuestros pacientes deben entender que el dolor no representa daño necesariamente.

  • La experiencia del dolor – única en cada individuo – es una interpretación que hace nuestro sistema del entorno en base a lo que ya sabemos.

  • Como en cualquier sistema puede haber fallos, los cuales suelen “arreglarse”. En un ordenador, el problema viene cuando se instala un programa que no funciona en el sistema operativo. En nuestro caso, el problema viene cuando adoptamos conductas, interpretaciones o pensamientos no adecuados para afrontar la situación.

Referencias bibliográficas:

  1. Dueñas M, Ojeda B, Salazar A, Mico JA, Failde I. A review of chronic pain impacto n patients, their social environment and the health care system. J Pain Res. 2016;9:457-67.
  2. Seymour B. Pain: A precision signal for reinforcement learning and control. Neuron. 2019;101(6):1029-41.
  3. Büchel C, Geuter Sprenger C, Eippert F. Placebo Analgesia: A Predictive Coding Perspective. Neuron. 2014;81(6):1223-39.
  4. Wiech K, Vandekerckhove J, Zaman J, Tuerlinckx F, Vlaeyen JWS, Tracey I. Influence of prior information on pain involves biased perceptual decision-making. Curr Biol. 2014;24(15):R679-81
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